sábado, 27 de octubre de 2007

IL PROGETTO LOCALE













Alberto Magnaghi
Bollati Boringhieri Editore. Torino 2000



Es este un libro de una densidad extraordinaria donde se proyecta la unificación de un extenso conjunto de ideas y reflexiones sobre la actualidad del territorio como alternativa a los procesos de globalización en curso. Una consecuencia plausible de su lectura es la necesidad de revisar ampliamente los planteamientos políticos dominantes y su sustitución por un nuevo paradigma basado en la preservación de los lugares como única alternativa para la supervivencia de la especie humana en un mundo de recursos decrecientes.

El objetivo principal del libro se resume en un aforismo del premio Nóbel de Química, Ilya Prigogine, que inicia la segunda parte del libro, la utopía del futuro construye el presente. De acuerdo a este pensamiento y a la propuesta del autor, la tarea actual del pensamiento consistiría en la definición de nuevas ideas-fuerza que facilitaran estrategias viables para la radical transformación del sistema económico político dominante que, posiblemente de no modificarse, conducirá a un incremento paulatino de las importantes dificultades actuales de la humanidad.
Hacer un resumen de las ideas y propuestas incluidas en el texto es bastante dificultoso debido a la alta consistencia intelectual de las cuestiones que se plantean. Un primer grupo de reflexiones se presentan frente a la tendencia a la imposición exclusiva de criterios de carácter económico para la homologación generalizada de los lugares como factores de producción. Como alternativa se propone un concepto de globalización desde abajo, desde el reconocimiento de las características específicas de cada territorio como fundamento para una alternativa de convivencia y desarrollo centrado en lo específico.
Según Magnaghi, la alternativa para la convivencia global futura debería partir de la construcción de redes locales solidarias y entrelazadas que contrarresten la tendencia generalizada de lo global a absorber infinitamente las energías y recursos y a imponer el dominio de los mercados globalizados, la tecnología asociada y, finalmente, del capital financiero que ejerce el control del sistema imperante. De acuerdo al autor, se trataría de construir una relación dialéctica superadora de la situación actual en la que la estrategia de los actores globales se apoya en una serie de criterios y planteamientos ideológicos considerados naturales y, por tanto, no cuestionados.
Entre ellos destaca la promoción de la competitividad de los individuos y regiones en detrimento de la cooperación y la creación de redes colectivas de apoyo mutuo; también señala el disfrute incontrolado y concentrado de la riqueza por unos pocos frente a la valoración del patrimonio local como construcción histórica colectiva; igualmente, la polarización social excluyente y la desigualdad cada vez más extrema frente al reconocimiento de la complejidad de las relaciones humanas y la solidaridad hacia los desfavorecidos, etc.
En apoyo de las tesis a favor de lo local aparece la búsqueda de una definición precisa de los conceptos de metrópoli y de patrimonio territorial. Para Magnaghi, la metrópoli contemporánea o “forma metrópoli”, como la define, adquiere un significado central para entender los procesos de globalización en curso. La forma metrópoli sería una extensión de la concepción occidental de la ciudad en un proceso de reorganización de la geografía concentrando a la población en grandes áreas metropolitanas que se han ido revelando ecocatastróficas a largo plazo debido al gigantesco consumo de suelo que implican, la voracidad energética y sobre todo tipo de recursos no renovables y, en definitiva, la extensión y reproducción de la pobreza a lo largo y ancho del planeta, incluso en las propias regiones urbanas que componen el tipo de asentamiento contemporáneo por excelencia.
El diseño final del proceso llevaría a la conformación de lo que el autor llama cosmópolis o, quizás más precisamente, terrapolis, cuyos atributos serían una exclusiva forma repetida, perversa, homologante e iterada sobre el territorio mundial; una distribución de objetos seriados que recorre y oculta todo significado incompatible con la razón del desarrollo económico; una forma que niega las relaciones que no se establezcan consigo misma y que deviene finalmente en una tautología, la repetición monótona de una seña que se autorrepresenta, bajo la bandera del pensamiento único.
La situación actual la describe como una economía de rapiña basada en una sutil forma de política imperial en la que la imposición de la forma metrópoli produce una entropía creciente y que se alimenta de recursos extraídos de lugares cada vez más lejanos y escasos y que determina el fortalecimiento jerárquico de unas pocas regiones y el incremento exponencial de la pobreza y la sumisión de los territorios dependientes a los cuales se les pretende siempre asignar las funciones menos interesantes económicamente como depositarios finales de los desechos del sistema.


Carta del patrimonio territorial de Scandicci. Fabio Luchessi. En Rappresentazione identitaria del territorio

En contraposición a la extensión de este proceso de polarización territorial, Magnaghi trata de recuperar la visión sobre el conjunto de los diversos lugares geográficos ya antropizados y que compondrían el patrimonio territorial junto con los espacios naturales supervivientes. Así, el territorio y su patrimonio asociado se referiría al conjunto de lugares que integran el ambiente físico y biológico junto con los espacios antrópicos, formado por las concentraciones construidas que suponen una segunda naturaleza artificial y las superficies agrarizadas que garantizan el sustento de la población. Desde la visión económica, el patrimonio territorial sería algo irrelevante que debe sustituirse por su percepción como un espacio geométrico, isótropo, abstracto e intemporal. Para el autor, la valoración y preservación de todos los elementos que componen el patrimonio del territorio adquiriría en la situación actual una importancia decisiva en la viabilidad de las distintas poblaciones hacia el futuro frente a la simple visión depredadora de la economía.
La imposición de un pensamiento economicista equivocado habría supuesto la interrupción de los procesos de construcción de los lugares y la extensión del patrimonio territorial asociado, para pasar a concebir la geografía como un mero soporte de las actividades económicas, como un folio en blanco en el que las acciones productivas se puedan llevar a cabo siguiendo reglas abstractas y que no tienen en cuenta la identidad de los lugares, sus riquezas y la sedimentación histórica existente, en un proceso de desterritorialización que deviene paulatinamente en salvaje destrucción de lo precedente.
Una cuestión central que aporta Magnaghi es la crítica a lo que denomina la aproximación ambientalista a la comprensión de los procesos territoriales. Se entendería como aproximación ambientalista a aquella que propugna para la salvaguarda del territorio la protección y salvaguarda exclusiva de los relictos de un pasado biológico ideal. El ambientalismo supondría una valoración cuasi religiosa de los restos naturales existentes en el planeta y cuya destrucción sería el exclusivo problema del momento.
Frente a ello, se presenta el argumento de que es necesario una visión más amplía de los procesos en curso que quedarían englobados en una aproximación antropobiocéntrica o, como define el autor, territorialista. Esta valoración globalizadora del territorio constituiría el punto de partida para establecer mejores alternativas correctoras de los excesos autodestructivos sobre el medio físico que la especie humana viene estableciendo en las últimas décadas.
En apoyo a esta visión se señala en el Prefacio que el territorio es una obra de arte, quizá la mas importante, la que ha supuesto una expresión más coral de la humanidad. A diferencia de muchas obras artísticas (en pintura, en escultura, en arquitectura) o técnicas que se han producido por el hombre a partir de materia inanimada, el territorio se ha construido a través de un diálogo, una relación entre entidades vivas, el hombre mismo y la naturaleza en el largo tiempo de la historia. Es una obra coral, coevolutiva, que crece en el tiempo. El territorio se genera en un acto de amor que conlleva el cuidado y el crecimiento de lo otro fuera de uno.
Para llevar adelante el cambio de paradigma que Magnaghi propone recurre a las ideas avanzadas por Ernst Bloch en la necesidad de construcción de utopias concretas. La utopía concreta trataría de llevar adelante la definición de objetivos y tareas específicas de alcance limitado a partir de su proposición teórica con el objetivo de posibilitar una mejora colectiva incremental. La anticipación de un futuro posible no partiría según Bloch de una visión globalizadora sino de la aportación y búsqueda de visiones parciales que puedan definir por agregación los elementos para la reconstrucción de una conciencia social anticipadora.

Prato,Piano Territoriale di Coordinamento. Massimo Carta, 2003

El problema principal para el establecimiento de un escenario territorial estratégico para una comunidad local, formalizado a partir de la utopía concreta estribaría en la construcción de la relación entre los potenciales actores de las transformaciones necesarias y la calidad de su diseño específico. Esta relación que debería ser dialéctica, tiene un carácter de mutación continua lo que dificulta enormemente la tarea para el establecimiento de los objetivos colectivos y desembocaría en lo que Magnaghi define como estatuto del lugar.
Finalmente, otra idea relevante que se desprende de la lectura del libro es la necesidad de un nuevo municipalismo. Uno de los graves problemas de nuestro tiempo estaría en el secuestro de la política por la democracia formal o representativa. El tránsito hacia una participación más efectiva de la población en los procesos decisionales es, desde este punto de vista, un imperativo cada vez más evidente. Los medios disponibles así lo permiten aunque el secuestro del poder por las élites del dinero y de los medios de comunicación hace difícil esta transformación.
ara ello, Magnaghi propugna el establecimiento de un nuevo pacto entre la población y sus dirigentes centrado en el ámbito municipal. Considera que el municipio es el espacio social básico que permite un diálogo más eficaz entre los actores sociales para el control de las acciones sobre el territorio que las estrategias y actores de la globalización tratan de imponer.
Según la tesis desarrollada, la intervención de lo global en lo local tiende a sustraer energía y recursos y a incrementar el dominio jerárquico de los espacios centrales de la economía mundial. La alternativa que se propone, conceptualizada como globalización desde abajo, consistiría en la convivencia con lo global siempre bajo el control local, la extensión de las redes solidarias con base en el municipio y, en su extremo más exacerbado, la resistencia activa atendiendo a que la actitud que se impone desde lo general no consiente una relación dialéctica sino la imposición de reglas que excluyen la sostenibilidad local.
Las tareas para la definición del estatuto del lugar, es decir la concreción pactada del aprovechamiento del territorio municipal se convertiría en el acto fundacional del proyecto local que da título al libro. Y es ahí donde deberían concentrarse los esfuerzos para la recuperación del control social sobre los lugares. El problema principal para llevar a cabo esta tarea consistiría en dar voz a los colectivos que actualmente no la tienen e impedir con ello el secuestro de la actividad política por los ocultos detentadores del poder.
Todo un proyecto político el que se propugna desde este libro, que debería servir de reflexión para superar las visiones negativistas imperantes hoy en día. Su lectura incita a realizar multitud de comentarios parciales que darían origen a otras reflexiones concretas que, si es posible, convendría plantear. Esperemos que se lleve a cabo con prontitud una traducción al castellano que permita su difusión en nuestro país y en el conjunto del universo de habla hispana.

domingo, 21 de octubre de 2007

CACARIAS Y SUS HABITANTES, LOS CACARÉANOS

Multitud. Antonio Saura, 1982

Hay especies de animales, como los leones, las águilas o las hormigas que sobreviven en este mundo intentando aprovechar radicalmente las ventajas que se les presentan en una suerte de lucha despiadada por la supervivencia. El entorno geográfico ha condicionado su forma de actuar e, incluso, su propia morfología, como nos han enseñado los biólogos. Así, en las planicies y sabanas, el león dispone de una variada oferta alimentaria que ha llevado a los especimenes de esta especie a vegetar la mayor parte de su tiempo. Más difícil lo tienen las águilas que deben de rastrear extensas superficies para localizar el propio sustento y el de sus crías, lo que les ha llevado a desarrollar una capacidad visual asombrosa. Las hormigas trabajan cooperativamente acopiando todo lo que pueden para garantizar su supervivencia colectiva y generando, en su rapacidad, espacios asombrosos para la comunidad.
Dentro de estas geografías donde se desarrolla la vida de los animales, Cacarias es una región singular en la que la especie predominante es el cacaréano. Como es evidente una vez que el observador se aproxima al lugar, su actividad principal es el cacareo y, de ahí ha surgido lógicamente el nombre que los identifica. Al cacaréano le va la vida en ello y le encanta cacarear para quejarse y protestar de todo y contra todo. Se siente abandonado por el mundo y grita continuamente para difundir la injusticia de que sus problemas no sean atendidos debidamente.
El malestar que alberga esta especie, se relaciona con el marco incomparable donde desarrolla su vida, que no es tenido en la consideración debida o suficiente por los otros habitantes del planeta. El razonamiento principal del cacaréano, es que Cacarias es un lugar para estar orgullosísimo y debido a ello, sus vecinos próximos y lejanos deben de pagar un peaje obligatorio que les haga más placentera la existencia. Ello, sin que les llegue a interesar realmente cuales son las inquietudes y problemas de los habitantes cercanos o lejanos. Históricamente, la actitud favorita de la sociedad cacaréana es el individualismo y por ello la cooperación o el trabajo en común con las comunidades próximas no ha entrado, por lo general, en sus planteamientos.
Esta especie, en vez de dedicarse a realizar acciones constructivas, prefiere identificar continuamente los errores de sus paisanos y de los demás en una suerte de cántico infinito. Los cacaréanos que sobresalen entre sus congéneres son indefectiblemente machacados por altaneros y prepotentes con lo cual es muy difícil liderar a la manada. La calumnia, la burla y el despiste hacia el prójimo son actividades que han alcanzado un alto grado de sofisticación entre este grupo animal.

Habitante de Cacarias

Como se señala, el individualismo y el ensimismamiento son condiciones innatas en la sociedad cacaréana. La bronca, la descalificación permanente del vecino, la incentivación de la irracionalidad frente a los problemas, así como la máxima separación entre las posiciones intelectuales y, en consecuencia, la falta de acuerdo o la cooperación que hace a una sociedad fuerte, son atributos que adjetivan a este grupo tormentoso de individuos. En Cacarias es casi imposible llegar a acuerdos sobre las cuestiones importantes o fundamentales que afectan a su colectividad.
El disimulo es otra de las actitudes más queridas de los habitantes de esa tierra. Esconder las opiniones propias es todo un arte transmitido familiarmente de padres a hijos. La utilización de epítetos de todo tipo para descalificar al adversario es también una práctica extendida. Bananero, narcisista, revolucionario o corrupto son, entre los muchísimos adjetivos que se escuchan, calificativos que resuenan durante los cacareos habituales como sustitutos de verdaderas argumentaciones.
Los poderosos de Cacarias suelen usar dobles raseros a la hora de afrontar los desafíos y la necesidad de actuar. Se suelen utilizar criterios singulares como el que considera lógico que al hermano se le tiende la mano, al enemigo no se le da ni un higo y al indiferente se le aplica la legislación vigente. Un adagio que resuena en la mente de algunos cacaréanos como una lógica irrefutable de comportamiento en el trato colectivo.
Los dirigentes de Cacarias suelen desgranar interminables relaciones de afrentas y demandas frente a otros territorios en una extensión de la estrategia de confrontación habitual que se suele llevar a cabo en las distintas aglomeraciones cacareánas locales. Esta tragicomedia insulsa que no afronta la necesidad de un cambio de actitud ante la gravedad de las amenazas futuras se representa mediante una perversión del lenguaje y del significado de las palabras que hacen inescrutable las verdaderas intenciones de grupo.
A los cacaréanos les encanta reunirse para comer, bailar y cantar y, de esta manera, olvidar temporalmente los problemas que les aquejan y con ello no tener que afrontar su solución. Las inquietudes artísticas, la música y aquellas otras experiencias que confortan el espíritu han alcanzado un grado de desarrollo notable gracias a la energía personal de algunos individuos frente a la indiferencia colectiva. Debido a la falta de respeto y consideración por esos esfuerzos, su repercusión siempre es muy minoritaria y no trasciende de los círculos relacionados con esas actividades.
En los últimos años, se ha extendido una enfermedad conocida como la modorra subvencionada, que está afectando la salud de los cacaréanos. Comienza con una creciente inhibición para atender decorosamente las necesidades cotidianas del individuo, para extenderse posteriormente a una total falta de voluntad de procurarse el sustento. Recientemente, la modorra subvencionada se ha propagado como una epidemia de tal manera que la inmensa mayoría población vaga errabunda sin un objetivo discernible. Desde fuera, algunas instituciones y expertos llevan algún tiempo aplicando terapias equivocadas y medicamentos defectuosos para tratar de aliviar los síntomas graves de este padecimiento, consiguiendo por el contrario la extensión del fenómeno.
El territorio que ocupan los cacaréanos se asemeja a aquellas islas cubiertas de pájaros que son habituales en los reportajes televisivos de Nacional Geographic. Sobre extensas superficies costeras y rodeadas por el mar, se arraciman los cacaréanos practicando un intenso griterío colectivo de protesta para atraer la atención de alguien que les alimente. Cuando se retiran masivamente se observa una extensa superficie de excrementos que deja irreconocible el lugar.



Posible cartografía de Cacarias. Souvenir de l'avenir, Oscar Domínguez.1938

A lo largo de la corta historia de Cacarias se ha producido una expansión física paulatina que ha llevado a ocupar prácticamente todo el territorio disponible así como algunos lugares geográficos próximos. Multitud de pequeñas aglomeraciones y, sobre todo, el desparrame de infinitos núcleos familiares en los sitios más insospechados han dado lugar a una ocupación masiva del hábitat disponible que amenaza la continuidad global de esta curiosa civilización.
En sus inicios la región cacareána estaba cubierta de frondosos bosques y un paisaje singular que le daba un atractivo por encima de lo común. Con el paso del tiempo y la intensa actividad de sus habitantes, todo el espacio ha sido hollado y ha ido llenándose de construcciones y residuos de una fealdad extrema. El aprovechamiento despiadado de las riquezas naturales y un picoteo sin tregua ha llevado a que el territorio esté extensamente cubierto de excrecencias, restos y basura acumulados a lo largo de los siglos, haciendo el lugar cada vez más irrespirable. El espacio cotidiano ha sido en este caso ampliamente descuidado en la etapa última generando enormes dificultades a la convivencia de los individuos que chocan y se suelen agredir indefectiblemente.
Cuando algún visitante increpa sobre la posible responsabilidad en este desastre, el cacaréano interpelado mira hacia otro lado y suele acusar a otro de los desmanes cometidos. En su extremo individualismo se solicitan apoyos y servicios colectivos de todo tipo canturreando sobre lo mal que está la situación. Ello sin ofrecer colaboración o contrapartida a cambio. Cuando es necesario realizar alguna iniciativa para paliar las graves deficiencias existentes suelen argumentar que es conveniente corregir los inconvenientes en cuestión pero que en cualquier caso no se haga cerca del territorio propio. El sacrificio, si es necesario, debe corresponder siempre a otros. Los zoólogos han clasificado a este subgrupo de especímenes como Nembos, No En Mi Barrio.
La contradicción llega a tal extremo que mientras se increpa al cielo pidiendo solución al destrozo territorial y se originan concentraciones masivas de protesta de una manera cada vez más frecuente, por otro lado, no se acepta ninguna alternativa posible, produciéndose una suerte de parálisis esclerótica colectiva.
Hoy en día, los cacaréanos observan y exploran lugares distantes hacia donde expandir su sociedad ante las dificultades que están haciéndose cada vez más visibles relacionadas con la supervivencia propia y de sus congéneres. Para ello, la vanguardia de la sociedad cacaréana se desplaza constantemente, buscando nuevos espacios para la localización de más actividades. Se exploran los desiertos y las selvas, se navegan los mares y se escrutan islas distantes en una especie de huida desesperada a la búsqueda de otros paraísos.
Pero la magnitud de los problemas del espacio vital de Cacarias está creciendo a una velocidad incontenible lo que augura una debacle en una perspectiva temporal no muy lejana. Es posible que, en los próximos decenios, una parte sustancial de la especie de los cacareános se vea obligada a emigrar nuevamente ante la dificultad de dar sustento a sus descendientes.
Hoy en día, no se ve una alternativa plausible para la comunidad y en el horizonte planean nubes tormentosas que pueden degenerar en auténticos huracanes que acaben de destrozar las condiciones físicas que han permitido la convivencia de los cacaréanos a lo largo de las eras. Siempre queda la esperanza de que en algún momento se produzca un milagro y una luz ilumine las conciencias de los habitantes de Cacarias.
Que me perdonen Robert Musil y Ulrich, el hombre sin atributos, por utilizar sus ideas y argumentos para quejarme una vez más de un colectivo animal concreto pero es que el narrador es cacaréano y, por tanto, también pertenece a esta sociedad específica.
Lo cierto es que, a muchos cacaréanos como yo, nos gustaría que las cosas fueran de otra manera y que en lugar de la queja permanente, los habitantes de esta región asumieran verdaderamente la responsabilidad sobre su destino colectivo y se trabajara más intensamente en la búsqueda de las mejores respuestas a los graves problemas que se avecinan en un futuro que está a la vuelta de la esquina.

lunes, 15 de octubre de 2007

LAS POSIBILIDADES DEL PAISAJE COMO CONSTRUCCIÓN ESTÉTICA

Piscina del Peñón. Hermigua, isla de la Gomera

El paisaje es un concepto que surge de una percepción estética de la realidad observada visualmente. Así, acudiendo al diccionario, constatamos que la componente visual es algo intrínseco a la idea de paisaje. Al respecto María Moliner define en su diccionario de usos del español, extensión del campo que se ve desde un sitio. O también, el campo considerado como espectáculo.


Pero ¿Qué paisaje? ¿El urbano, el natural o el pastoral y de la agricultura?

Desde esta perspectiva, el paisaje urbano englobaría la percepción de la artificialización completa de la geografía. A raíz de ello, las ciudades y, sobre todo, el espacio público son motivo de reflexión artística en consonancia con su repercusión para la vida en común. Un espacio o imaginario colectivo que envuelve ya a más de la mitad de la humanidad.
El paisaje natural incontaminado podría considerarse como aquel que fue valorado por los pintoresquistas anglosajones del siglo XVIII, a partir de Edmund Burke y su reflexión sobre lo sublime ligado a la naturaleza. Aquellos pioneros intentaron la reconstrucción del territorio para la creación de escenarios bucólicos soñados. Actualmente, el paisaje natural es una entelequia que obnubila a románticos empedernidos porque nuestro entorno planetario en su conjunto ha sido ampliamente tocado o modificado sutilmente a lo largo de la historia.



La reconfiguración del paisaje según los pintoresquistas. Humpfrey Repton


Como ejemplo, las grandes extensiones boscosas presentes en Japón son el resultado de una política de gestión forestal positiva promovida desde la época del Shogunato para recuperar un elemento esencial en la sostenibilidad de aquella sociedad medieval, la madera. En 1500, en los inicios de la era Tokugawa, existía una fuerte deforestación, la superficie arbolada había disminuido tan drásticamente que llevó a una fuerte crisis poblacional y de supervivencia de la propia sociedad feudal. Actualmente, y a pesar de la alta densidad poblacional, el país asiático cuenta con una superficie de bosques superior al 80% y que continúa incrementándose paulatinamente. Estos lugares nada tienen que ver con el paisaje natural entendido como espacio incontaminado que funciona exclusivamente de acuerdo a las leyes propias de la biología.
Desde la disciplina de la arquitectura y el urbanismo, algunos propugnan la necesidad de proyectar el paisaje en su concepción pastoral, al igual que se ha podido proyectar y transformar el espacio urbano, en una extensión maximalista de la idea de arquitectura como técnica para la corrección de los problemas ambientales de nuestro entorno cotidiano. Pero la arquitectura del paisaje no logra superar el carácter espectacular de la aproximación estética, algo que conviene al sistema económico imperante y que en definitiva va en contra de la sostenibilidad a largo plazo.
El problema de esta aproximación para la salvaguarda del territorio es que resulta inadecuada ante la constatación de la incapacidad de las herramientas proyectuales de la arquitectura para resolver los problemas ambientales de nuestro tiempo que tienen una raíz fuertemente económica. El diseño y reconstrucción del territorio para mejorar la calidad ambiental implica necesariamente la participación de una amplía variedad de técnicos y especialistas que aporten conocimiento desde muy diversas disciplinas y que tienen que ver con cuestiones técnicas y científicas que superan una visión meramente estética.
A lo largo de nuestra era, algunos personajes, ya históricos y próximos a la arquitectura, han dedicado ingentes esfuerzos para redefinir el paisaje antropizado para expresar el poder de sus clientes o a la búsqueda de una visión ideal del paraíso.
Hacia 1700, surge André Le Notre que representa un punto de inflexión de la relación de la humanidad con la naturaleza. Por primera vez en la historia se pretendió establecer definitivamente la autoridad de la especie humana en la transformación del territorio en una vasta escala. Primero en Vaux Le Viconte y luego en Versalles, Le Notre llevó a cabo el mayor ejemplo de diseño del paisaje en el devenir de la humanidad. La utilización formalizada de la vegetación se afronta allí en una escala territorial de tal manera que ya se puede considerar bajo control estético a todo el territorio que abarca la vista.







Versalles. Intrepid Luke, Flickr



Versalles todavía asombra por la capacidad intelectual para concebir la formalización de una idea empleando elementos naturales. Le Notre nunca vería su obra en todo su esplendor. Los trazos simétricos de la composición, la forma y los colores de la vegetación necesitarían varias decenas de años para alcanzar una madurez plena. Conseguir su propósito, reflejar el poder y la gloria del Rey Sol, el dominio de una sola persona sobre los hombres y las cosas, llevaría toda una generación.
Los pintoresquistas ingleses del siglo XVIII, hombres como
Capability Brown o William Kent, fueron más allá e inventaron la disciplina de la arquitectura del paisaje como técnica para la remodelación de los cultivos y lo natural con el objetivo de su acomodación a una visión estética ideal. El bucolismo en el cual se apoya esta fruición del paisaje denota una percepción romántica del territorio independientemente de los aspectos culturales que están en la base de la forma concreta de cada lugar. Posteriormente, Humpfrey Repton acuñaría el concepto de arquitecto paisajista, demiurgo capaz de transformar el paisaje a su antojo.En tiempos más recientes, los americanos han extendido la idea del disfrute de los elementos paisajísticos como una parte sustancial de la monumentalización de la naturaleza y su recuperación para las ciudades. La fuerte impronta de Frederick Law Olmsted en la cultura americana, autor del Central Park neoyorquino, ha extendido su ascendiente más allá de sus fronteras a lo largo de todo el siglo XX. A Olmsted y su círculo de influencia, deben los americanos la declaración del primer parque nacional de la historia Yosemite, legislado como tal por el Congreso de los Estados Unidos a finales del siglo XIX.



Yosemite en invierno. Maomatt, Flickr



Sin embargo, el desarrollo de estrategias de diseño del paisaje y más precisamente del territorio, tal como se concibe a partir de la aplicación de disciplinas específicas como la botánica, la ingeniería y la arquitectura, ha encontrado limitaciones evidentes en los tiempos recientes. La reconstrucción de los lugares desde una perspectiva de la sostenibilidad a largo plazo no se puede llevar a cabo desde una reconfiguración unidimensional solamente, ya sea científica o estética.
Habría que entender que en nuestros días el desarrollo metropolitano ha alcanzado una extensión francamente insostenible a largo plazo. Las grandes regiones urbanizadas que se han ido conformando a lo largo del planeta, las
megalópolis teorizadas por J. Gottman en la década de los sesenta del siglo XX, dependen crecientemente de recursos exóticos situados en lugares cada vez más lejanos y, por tanto, de la disponibilidad ilimitada de medios de transporte rápidos y baratos.
El propio modelo territorial de la metrópoli contemporánea es una de las causas principales de la crisis ambiental generalizada, junto con la social y cultural que comporta su desarrollo hasta el infinito. La jerarquización y polarización implícita que conlleva la extensión de la urbanización produce fuertes desequilibrios a todas las escalas, congestión, una simplificación en las relaciones sociales y un empobrecimiento final en determinadas partes del sistema, tanto en su centro como en las periferias cada vez más alejadas. Las grandes regiones urbanas concentran la mayoría de los recursos planetarios llevando a cabo una progresiva acumulación de riqueza y capital a corto plazo pero que, en el tiempo largo de la historia, está generando una producción masiva de contaminación y degradación ambiental con la contrapartida de la desaparición no renovable de la mayoría de recursos básicos para la vida, agua, minerales, terreno fértil, biodiversidad, etc.
La reconsideración de la aproximación paisajística como una estrategia equivocada para la recuperación del patrimonio territorial debería permitir la superación de las ensoñaciones estéticas. En primer lugar se debe de rescatar a la agricultura como el elemento esencial para la extensión de la sostenibilidad a largo plazo de nuestras sociedades
La planificación de las intervenciones sobre el territorio requiere de una elaboración teórica sobre cuales son las iniciativas de base agrícola y forestal que deben de tenerse en cuenta para la reconstrucción del territorio y, en definitiva, del paisaje. La recualificación de los cultivos, la reestructuración del parcelario rural, la protección e incremento de la fertilidad del suelo, la salvaguarda de los sistemas hidrogeológicos, etc. son, entre otras muchas cuestiones, los temas que requieren de un pensamiento específico que conduzca a la definición de herramientas de proyectación territorial específicas así como la proposición de instrumentos normativos que posibiliten su regulación.
ero ello no puede producirse desde una concepción exclusivamente tecnológica. Sería preciso contener y contrarrestar los procesos de concentración y mundialización en curso. La batalla en el plano político conlleva lo que algunos autores, como el egipcio
Samir Amin, definen como la progresiva desconexión del sistema económico mundial insostenible. Una concepción territorial diversa al crecimiento económico supondría la redefinición de las regiones urbanas como geografías puntuadas de pequeñas ciudades vueltas a relacionar con su territorio agrícola circundante e inmediato de una manera directa. El objetivo del decrecimiento es otra hipótesis a considerar seriamente aunque en este momento suene a descabellado.
La exigencia de una mayor eficacia cualitativa en las acciones colectivas enfocadas hacia la mejora de nuestro entorno, una mayor diversidad en el aprovechamiento del territorio que no suponga un despilfarro de los recursos existentes y el incremento de la complejidad en las relaciones entre los seres vivos deberían ser los objetivos principales que guíen las actividades espaciales de la humanidad.

domingo, 7 de octubre de 2007

HAWAI’I 2050. UN FUTURO POSIBLE EN EL PARAISO


Resort Hyatt Regency en la isla de Kauai. Walt K, Flickr


El 22 de Septiembre de 2007 se ha presentado el primer borrador del Plan HAWAI’I 2050 en la Cumbre para la Sostenibilidad de ese archipiélago polinesio. Este hito inicia la última fase para la aprobación de su nueva estrategia de progreso humano, cuyos análisis y propuestas llevan debatiéndose más de 2 años.

El estado de Hawai’i afronta actualmente una crisis en su modelo de desarrollo basado en el turismo y la agricultura de exportación que se refleja en unas expectativas nada halagüeñas y la detección de importantes amenazas para su sostenibilidad en el futuro. Estos hechos han llevado a las autoridades estatales a iniciar un importante proceso de reflexión sobre cuales son las alternativas para garantizar una viabilidad a ese territorio idílico situado en el norte del Pacífico.
Las islas de Hawaii
albergan a una población de 1,3 millones en 2005, en una superficie de 16.800 kilómetros cuadrados y recibieron 7,5 millones de visitantes en 2006. La mitad del territorio está protegido para el mantenimiento de los ecosistemas naturales y la protección del paisaje mientras que otro 45 % está reservado exclusivamente para las actividades y usos agrícolas. El turismo de masas ha transformado algunas islas como Oahu, donde se encuentra el área metropolitana de Honolulu, para llevar a cabo enclaves caracterizados por una alta concentración de edificación residencial, centros comerciales, hoteles gigantescos y una importante presencia de segundas residencias turísticas e instalaciones de tiempo compartido.
Hawai’i ha sido uno de los pocos territorios de la unión americana que se planteo, desde los inicios de su incorporación a los Estados Unidos en 1959, llevar a cabo una ordenación completa de los usos del suelo de las islas en el denominado
Hawai’i State Plan, concebido a comienzos de los años 70. El objetivo central de aquel Plan Estatal consistía en la transformación de esas islas en un destino turístico de primera clase a nivel mundial y, al mismo tiempo, garantizar una adecuada protección de los bienes naturales y los recursos culturales preexistentes.
En la situación actual, el archipiélago hawaiano a partir de los vertiginosos cambios experimentados globalmente en los últimos años, afronta problemas de todo tipo, tal como señala el
Issue Book, especie de diagnóstico territorial que acompaña a la propuesta para HAWAI’I 2050. Entre ellos, cabría destacar el deterioro acelerado de las infraestructuras, las dificultades para acceder a la vivienda, la extrema vulnerabilidad frente a un mercado energético global cada vez más volátil y caro, la posible interrupción del suministro de bienes alimenticios esenciales, un potencial aislamiento derivada de factibles dificultades en el transporte de pasajeros, el incremento acelerado de visitantes y residentes y la traducción final de todos estos problemas en una amenaza creciente sobre los frágiles ecosistemas insulares.
El planteamiento operativo para la definición de una perspectiva para el futuro se ha planteado en este caso, desde la necesidad de involucrar realmente a la población en los objetivos de sostenibilidad territorial. Para ello, la elaboración del Plan ha partido de la búsqueda de la participación social a toda costa. La herramienta básica para su instrumentación está siendo la consulta a todos los niveles de la comunidad. Según es constatable, se ha consultado en primer lugar a diferentes expertos de áreas diversas del conocimiento y a múltiples líderes empresariales locales; en segundo lugar, se ha llevado a cabo una encuesta de amplío espectro entre la población sobre cuales son las cuestiones, prioridades y recomendaciones de cara al futuro. Finalmente, se han producido numerosos encuentros, debates y discusiones en muchos lugares de aquellas islas y con carácter previo a la formalización de la
estrategia territorial hacia HAWAI’I 2050.
El resultado de esta prospección que ha servido de soporte a la formalización del borrador del Plan ha arrojado resultados curiosos. El 80 % de la población es partidaria de un esfuerzo de reciclaje masivo en la recuperación de los desechos. Porcentaje similar alcanza la demanda para una mejora efectiva de la educación y la preocupación por conseguir una formación de calidad a todos los niveles como mejor estrategia para garantizar un futuro mejor. La consecución de la independencia energética y la autosuficiencia alimentaria del archipiélago, incluso si suponen un mayor coste económico, son otras cuestiones que tienen un apoyo social muy alto.
Pero lo más sorprendente es la constatación generalizada de una mayor responsabilidad colectiva de los hawaianos en los objetivos para una sostenibilidad real. Por ello, el borrador final ha hecho un énfasis extremo en la necesidad de extender una ética común para la sostenibilidad y su incorporación a las estrategias para el desarrollo de cada habitante del archipiélago.
Las propuestas concretas ya avanzadas parten de criterios sumamente prácticos que nada tienen que ver con las que se acostumbran en el entorno europeo, caracterizado por una confianza excesiva en la extensión de la legalidad y la burocracia. Señala el diagnóstico que acompaña al primer borrador que presentar un documento creíble para el desarrollo de una planificación verosímil es relativamente fácil en comparación con tomar las difíciles decisiones que son necesarias para lograr realmente un espacio sostenible de verdad.

Honolulu skyline. Mastery of maps, Flickr

Desde esta perspectiva y respecto a las posibilidades económicas, se señala que el turismo en Hawai’i es una industria madura de la que no es posible esperar que sea un motor básico del desarrollo en el futuro. Como alternativa, se ha considerado que la mejora extensiva y cualitativa de la capacidad educativa debe ser el instrumento básico para estimular el talento y la capacidad de liderazgo que conduzca a una nueva sostenibilidad económica.
Respecto al crecimiento poblacional se señala que el concepto de capacidad de carga no es un indicador fiable en absoluto, puesto que varia dinámicamente en relación con el desarrollo de las infraestructuras y que su cálculo no se puede determinar actualmente de una manera razonada. El envejecimiento de la población podría ser a este respecto, un factor más importante que la estimación del número total de residentes.
En lo que se refiere a las necesidades energéticas, Hawai’i quiere apostar por la masiva extensión del uso de tecnologías basadas en recursos renovables, no dependientes de los combustibles fósiles, así como en la mejora de la eficacia y el ahorro. Con ello se pretende reconciliar el objetivo de disponer de energía suficiente con la preservación territorial y la garantía de contar con capacidad local energética extensible a las futuras generaciones
Uno de los elementos centrales de la estrategia es la acción efectiva sobre la capacidad para la producción agrícola destinada al autoabastecimiento. Aquí se señala que el 80% de lo que se consume en la situación presente en ese archipiélago debe de importarse y que no es posible un suministro completo de alimentos para la población a partir de la completa disponibilidad de las tierras capaces existentes en el archipiélago y que, hoy en día, se destinan masivamente a la agricultura de exportación. Por ello, lo que proponen para alcanzar la mayor autosostenibilidad posible, consiste en la masiva puesta en cultivo de la totalidad del terreno ya utilizado, la incorporación efectiva de una cantidad de suelo similar al que se trabaja actualmente y la transformación de la producción agrícola hacia la diversificación de productos agrarios para el mantenimiento de la población local, reduciendo la agricultura de exportación.
A este respecto, se señala que aunque los costes no sean competitivos frente a la importación generalizada de alimentos, se debe apoyar la sustitución de cultivos con el objetivo de preparar al territorio frente a situaciones de emergencia alimentaria derivadas de una posible escasez de energética en el transporte o cualquier dificultad similar.
Otras cuestiones que se establecen en el borrador del Plan, para un uso más eficiente del espacio territorial disponible, tienen que ver con el manejo de los suelos urbanos que solo afectan a un 5% de la superficie global. Para ello, se propone establecer criterios de compactación de la edificación evitando el despilfarro de suelo a toda costa, la promoción de una urbanización verde entendida como generación de sistemas autosuficientes y, posiblemente cerrados a los efectos energéticos, de gestión de residuos, agua y de amplía diversidad de usos más allá de los estrictamente residenciales. La fuerte protección de las áreas para la recarga de acuíferos, el mantenimiento de los hábitats de especies nativas y el control radical de las transformaciones del suelo rural son, finalmente, otros de los objetivos de la estrategia de sostenibilidad que se trata de implementar en el archipiélago de Hawai.
Todo ello, se va a acompañar con el establecimiento de una serie de indicadores parciales muy selectos y fácilmente comprensibles por la población que puedan establecer una medida clara del cumplimiento de los objetivos globales y que confluirían en un índice global, o Paradise Index, que medirá el acercamiento o alejamiento respecto al objetivo de mantener una teórica situación paradisíaca de este archipiélago del océano Pacífico.
Una frase muy significativa del espíritu de trabajo que anima a los promotores de HAWAI’I 2050, incluida en la documentación pública del Plan, es que para las tareas que se proponen, lo que se precisa son personas que resuelvan efectivamente los problemas que se deben afrontar y no aquellos que rápidamente señalan nuevos y más variadas dificultades. La máxima preocupación de los mentores de esta estrategia, la denominada Fuerza de Choque (Hawai’i 2050 Sustanaibility Task Force), estriba en lograr un documento vivo y sintético que no se transforme en otro mamotreto para rellenar las estanterías de las oficinas de las instituciones públicas locales.
Esta relación de cuestiones nos suena terriblemente próxima a los canarios, como si vislumbráramos otro universo posible al otro lado del espejo. Mientras en Canarias, se vive en una cómoda modorra subvencionada desde Europa, otros territorios están tratando de posicionarse inteligente y eficazmente ante las amenazas y retos que, de una manera ineluctable, se tendrán que afrontar en el futuro no muy lejano.

viernes, 5 de octubre de 2007

ROGELIO SALMONA. IN MEMORIAM



Rogelio Salmona. Ritore, Flickr

Esta semana ha muerto a los 78 años el arquitecto Rogelio Salmona, maestro de la arquitectura latinoamericana.
Impulsor de los Seminarios de Arquitectura Latinoamericana (SAL) y de tantas iniciativas culturales relacionadas con Colombia y el continente americano, fue un gran defensor del carácter peculiar de cada lugar para expresar la idiosincrasia de los pueblos a través de la arquitectura.
Solo por dos de sus obras, las Torres del Parque en Bogotá y la casa de Huéspedes de Cartagena de Indias, hitos urbanos significativos de estas ciudades, merecería figurar en la historia de la arquitectura.
Yo le conocí en el SAL de Tlaxcala, celebrado en Mexico en 1992, y luego hubo oportunidad de invitarle a un ciclo sobre Arquitectura latinoamericana que organizamos en Canarias unos años más tarde.
Su sabiduría de la profesión y sus anécdotas sobre las posibilidades de llevar a cabo Arquitectura, con mayúsculas, en contextos de subdesarrollo y escasez de recursos han sido toda una fuente de inspiración para muchos.
Una gran perdida.

Torres del Parque, Santafé de Bogotá. Philip Bouchard, Flickr

martes, 2 de octubre de 2007

COSAS QUE SE VEN EN GOOGLE EARTH


Esta herramienta que ha proporcionado el buscador Google es fantástica. Aparte de permitirnos escudriñar los lugares más insospechados desde el espacio y ver su forma en planta o en tres dimensiones, también es posible obtener fotografías de algunos lugares con ese otro servicio relacionado y maravilloso que han bautizado como Panoramio.
Esta fotografía aérea concreta es de un edificio sorprendente que se ha localizado desde el aire y pertenece a la base militar de la Marina estadounidense de Coronado en San Diego, California. Yo la he visto en el periódico Le Monde y luego en Google Earth, tecleando Coronado.
Creo que alguien se la ha encajado a Amérika y la svástica, el proverbial símbolo nazi, marca a vista de pájaro la entrada al Imperio desde Mejico. En realidad y según comenta alguien, son unos barracones para dormitorio de los marines. Probablemente, su diseño es obra de un infiltrado simpatizante del partido Nacional Socialista, cuya imagen en planta ha pasado desapercibida durante muchos años.
Parece que el Departamento de Defensa USA está buscando recursos sobrantes de sus múltiples guerras para corregir el desaguisado y camuflar el edificio.
Para el que lo quiera localizar en Google Earth, la posición geográfica es Coronado, CA o bien Latitud 32º40’34.03”N y Longitud 117º09’21.29”O.